Bilbao: Los restos hallados en el gimnasio del
05/06/2013 versión para imprimir

El análisis genético demuestra que pertenecen a una única persona.

Es una mujer adulta y "está identificada".

La Policía había descubierto restos de manos y vértebras en su gimnasio.

 

Los restos humanos hallados en el domicilio y en el gimnasio del experto en artes marciales Juan Carlos Aguilar, detenido el domingo en Bilbao por dejar en coma a una nigeriana de una paliza, corresponden a una única persona, una mujer de nacionalidad colombiana. 

 

No se ha confirmado si la asesinada practicaba la prostituciónFuentes de la investigación han asegurado que tras el análisis de los fragmentos óseos de manos, columna vertebral y otros restos, los especialistas han concluido que se trata de una única persona. 

 

Además, han comprobado que es una mujer adulta, de nacionalidad colombiana y que "está identificada". 

 

La Policía Vasca ha logrado despejar así una de las mayores incógnitas de este caso, ya que hasta ahora se desconocía si los huesos hallados en el gimnasio de Aguilar podrían corresponder a varias personas. 

 

La mujer supuestamente asesinada sería, por tanto, la que mencionó ayer el detenido en su confesión policial, en la que dijo que "creía" haber matado a una mujer el pasado 31 de mayo, aunque añadió estar "confuso" al respecto. 

 

Las mismas fuentes de la investigación no han podido concretar si ha sido una muestra dactilar lo que les ha llevado a determinar la identidad de la mujer o si hay otras pistas, como una posible relación con Aguilar o, incluso, si había una denuncia de desaparición. 

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Tampoco han confirmado si la fallecida se dedicaba a la prostitución al igual que Ada, la nigeriana de 29 años que sigue ingresada en el hospital de Basurto en estado de coma tras la brutal paliza que recibió el domingo en el gimnasio de artes marciales. 

 

No obstante, la Policía vasca continúa buscando otras evidencias que pudieran estar relacionadas con el arrestado. 

 

Juan Carlos Aguilar fue detenido el domingo después de que una persona alertara a la Ertzaintza de que había visto cómo una mujer era obligada a entrar por la fuerza en el gimnasio que el arrestado regenta en el número 12 de la céntrica calle Máximo Aguirre. 

 

Los agentes que acudieron al local tuvieron que tirar la puerta abajo con mazas para acceder al interior, donde encontraron inconsciente a la mujer nigeriana, que tenía ataduras en manos, pies y cuello, y detuvieron al agresor.



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