Liberada una menor torturada y prostituida en el Raval
12/07/2010 versión para imprimir

Los policías que investigan las tramas de explotación sexual suelen encontrar a mujeres que han sufrido gravísimas agresiones sexuales y físicas. Sin embargo, el calvario padecido por la chica rumana de 15 años que ha sido localizada prostituyéndose en el Raval ha abrumado incluso a los agentes más curtidos. Esta es la cuarta menor de edad que era obligada a prostituirse en el Raval y que ha sido liberada en el último mes.

La joven no solo había sido obligada a prostituirse sino que había sido sometida a auténticas torturas por la banda de proxenetas que la había captado bajo engaño en Rumanía, donde la chica vivía en situación de desamparo.

La presencia de la menor fue detectada por agentes de la Guardia Urbana, que la vieron prostituirse en el Raval y a quienes llamó la atención su aspecto, demasiado aniñado. Los agentes identificaron a la chica, que declaró tener 15 años, lo que llevó a que se activara el protocolo de protección de menores. A la joven se le practicó una prueba radiológica, que demostró que efectivamente tenía esa edad.

RECONOCIMIENTO MÉDICO / Sin embargo, el reconocimiento médico al que fue sometida sacó a la luz múltiples heridas y cicatrices. La joven manifestó entonces que fue violada en varias ocasiones por miembros de la red de proxenetas que la explotaba. Tras una investigación llevada a cabo por agentes de la Unidad contra las Redes de Inmigración y Falsedades Documentales (UCRIF) de Barcelona, se detuvo a cuatro personas: tres rumanos y un bangladesí.

La joven, sin familia y con una asistente social como única tutora en Rumanía, fue captada en su país de origen por una pareja de rumanos que le prometieron trabajo cuidando a su bebé. Sin embargo, todo era mentira. Primero, la trasladaron a Roma, en cuyas calles la obligaban a prostituirse. La resistencia de la joven fue doblegada con palizas, violaciones, duchas frías e incluso dándole de comer solo una vez al día.

Desde ahí, la pareja que la prostituía se trasladó a la localidad aragonesa de Gallur, donde reside la madre de la mujer que la captó. Ahí la joven fue sometida a sesiones de tortura. La azotaban con mangueras y cables, le rasgaron los lóbulos de las orejas al arrancarle de un tirón los pendientes y llegaron a clavarle un lápiz en un ojo. «La amenazaban con que si no ganaba suficiente iban a matarla y a enterrar su cuerpo en el bosque», dijeron fuentes cercanas a la investigación.

La joven fue trasladada a Barcelona, donde ejercía la prostitución en la habitación de un piso de la calle de Robadors alquilada a un bangladesí. Ahí, en jornadas de 12 horas, ofrecía sus servicios a 30 euros.



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