Vizcaya: Asesinada por su hijo en Barakaldo
09/02/2010 versión para imprimir

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Amelia había dado la voz de alarma. Sabía que su hijo podía cometer una barbaridad. Cuatro días antes, el pasado miércoles, la mujer asesinada por su propio vástago a última hora del domingo en la localidad vizcaína de Barakaldo le había denunciado por agresión ante la Ertzaintza. Según explicó a los agentes, le roció la cara con un aerosol, aunque posteriormente decidió retirar la acusación, señaló ayer el alcalde, Tontxu Rodríguez. Quiso darle otra oportunidad, pero Manuel C.S., de 41 años, le correspondió con varias cuchilladas, una de ellas en el cuello, que hizo que se desangrara.
Los vecinos del número 14 de la calle Arana tardarán en olvidar la tragedia vivida en su comunidad. A las 00.10 horas, uno de ellos alertaba a la Policía autónoma de que en el domicilio de enfrente yacía una mujer en medio de un charco de sangre. Él mismo entró en la casa tras oír gritos. Cuando llegó ya no había nadie más, pero los agentes tardaron poco en arrestar al hijo de la víctima en las inmediaciones, todavía con el arma ensangrentada en uno de sus bolsillos.
«Me temía que algo iba a pasar porque el mismo sábado Manu me dijo que estaba hundido, destrozado, que se iba a matar con su coche para acabar con todo», explicaba Cristina, una conocida del parricida aún consternada tras conocer lo ocurrido. Manuel le había comentado que hacía poco más de un mes que se había separado de su mujer, y que no podía vivir sin su hija, «Izaskun, de cinco años». «¡Si hasta se había tatuado sus nombres en los brazos!», recordaba.
Al parecer, la vida no le iba demasiado bien en los últimos tiempos. Trabajaba como vigilante jurado e incluso se habría sacado los permisos para custodiar explosivos y sustancias peligrosas a finales de 2008. «Pero le habían echado hace poco de la empresa». Su despido habría coincidido con el proceso de separación de su mujer, a la que también habría maltratado. Así lo revelan sus antecedentes policiales por violencia de género. Y, al menos últimamente, se excedía con alcohol, «y es más que probable que con otras drogas». «El sábado le vi con una borrachera tremenda», desvelaba una vecina.
Manuel había decidido irse a vivir con su madre tras su fracaso matrimonial. «Llevaba poco tiempo aquí, no mucho más de las pasadas Navidades», aseguraban los residentes. Amelia, de 65 años, residía desde hace dos años en Barakaldo, a donde había llegado procedente de San Sebastián. Ocupaba la casa de su hija Yolanda y tenía otro hijo, pero hasta la llegada de 'Manu' estaba sola.
Apenas tenía trato con buena parte de las 20 familias del portal. «Era muy comedida, de hola y adiós», indicaban algunos inquilinos, aunque otros aseguraban que su compañero sentimental tuvo una pelea con un residente, lo que había dificultado la convivencia y ahora ya no entraba al edificio.
«Amenazas de muerte»
La víctima mantenía más contacto con Juana. A ella le confesó que tenía problemas. «Un día me reconoció que incluso había recibido amenazas de muerte por teléfono». Pero nunca le confió si provenían directamente de su hijo. «Yo le aconsejé que lo denunciara, pero no me hizo caso», lamentaba.
José Juan también ataba cabos. «El otro día vi a la mujer con su compañero en un bar. Hablaban airados, no sé de qué, pero él le decía a ella 'te van a matar' o 'le van a matar'. No le entendí bien, pero me impactó», explicaba. Y en otra ocasión había visto al hijo que se encaraba a la pareja «en actitud desafiante». «Les decía que le daba igual que llamasen a la Policía».
La Dirección de Atención a las Víctimas de la Violencia de Género del Gobierno vasco condenó ayer el asesinato de Amelia y secundó la concentración convocada por el Ayuntamiento de Barakaldo en la Herriko Plaza. Allí, el alcalde leyó un comunicado en el que calificó el presunto parricidio de «despreciable» y «execrable». El regidor volvió a denunciar «la barbarie, la violencia y la sinrazón» que rodean estas muertes. Y reclamó medidas más «contundentes y eficaces» para que las instituciones lideren el «camino hacia la tolerancia cero ante la violencia doméstica».



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