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www.diariovasco.com JAVIER PEÑALBA | SAN SEBASTIÁN. La madre de Nagore Laffage sigue igual de desolada, igual de contrariada que el viernes pasado cuando escuchó el veredicto de culpabilidad de homicidio y no el de asesinato para José Diego Yllanes, el hombre que estranguló a su hija. «Qué fácil es matar a una niña de veinte años y salir en cuatro días», dijo ayer Asun Casasola. El fin de semana en nada ha calmado el desasosiego que el fallo ha generado en la familia Laffage-Casasola. «Es que el golpe ha sido muy fuerte», afirma la madre. Asun Casasola compareció ante los medios de comunicación. Lo hizo en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Irun para valorar el fallo. Le acompañaban la delegada de Relaciones con el Ciudadano, Maite Cruzado, y la de Hacienda y Cooperación, Goizane Alvarez. La madre de Nagore afirmó que «acata» la decisión del jurado, aunque cree que el tribunal no ha valorado correctamente las pruebas. Censuró la manera en la que se desarrollaron las sesiones del juicio, con «jornadas maratonianas», dijo, que, en su opinión, no favorecieron precisamente la asimilación de los elementos de convicción que se esgrimieron a lo largo del proceso. «Creemos que el jurado ha tenido en cuenta hechos que no están probados y ha desestimado otros muchos que sí lo estaban», manifestó. Afirmó que desde su punto de vista no era un juicio para un jurado popular. Reconoció que «ha sido muy complicado para ellos. No es fácil ser jurado y menos en este caso. De cualquier manera, creo que no han examinado las pruebas y se han quedado con las hipótesis. Han escuchado la versión del acusado y no hemos podido oír la de Nagore. Además, no han valorado las manifestaciones que realizaron las personas que son imparciales. Hay pruebas suficientes para considerar que fue un asesinato», dijo. «Nadie sabe qué sucedió» Casasola hizo un repaso de algunos de los aspectos más controvertidos del veredicto. «El tribunal ha creído que Nagore amenazó a José Diego con destruir su carrera y denunciarlo. Eso es especular. Nadie sabe lo que ocurrió entre ellos. Tampoco ha creído que los numerosos golpes que recibió la dejaran aturdida, sin posibilidad de defenderse. Y, sin embargo, los médicos forenses dijeron que estos golpes dejan, como poco, aturdida a una persona e incluso semiinconsciente». De igual manera, Asun Casasola se refirió a la llamada telefónica que, según la Policía, efectuó su hija al 112 en demanda de auxilio. El jurado llegó a la determinación de que no había quedado probado que fuera Nagore quien estableció dicho contacto. La defensa sostuvo en la vista que no había una prueba fonográfica que confirmase que la voz fuese de la víctima y manifestó que la llamada la pudo hacer el acusado. El jurado concluyó que si Nagore hubiese telefoneado después de haber sido golpeada, «necesariamente deberían haber quedado restos de sangre en el teléfono móvil». «Todo el mundo ha oído a Nagore pronunciar las palabras 'muerte y matar'. Un técnico de sonido afirmó que se trataba de una voz de mujer. El jurado tampoco le ha creído». A juicio de la madre, cuando Nagore contactó con emergencias, «desesperada, aterrada, sin fuerzas para hablar», su hija no tenía sangre ni en la cara ni en el cuerpo. «La sangre se produjo cuando le cortó el dedo e intentó descuartizarla», precisó. Asun Casasola dijo también que la llamada fue «un gesto desesperado», después de que Nagore recibiera una «gran paliza». La familia Laffage-Casasola expresó sus discrepancias con las cuatro atenuantes admitidas por el jurado: obcecación, intoxicación, confesión y reparación del daño, ésta última después de que el acusado ingresara 126.000 euros para hacer frente a las responsabilidades civiles. «Depositó una cantidad en el juzgado un día antes del inicio del juicio y en dieciséis meses no nos hemos sentido reparados moralmente. Es muy fácil pedir perdón el último día». «Ni arrebato ni confesión» La madre rechazó que se tratase de un arrebato, porque la agresión se prolongó en el tiempo, y añadió que «se ha demostrado que el alcohol le había influido levemente». Señaló además que Yllanes no confesó el delito. «Ya desde la una de la tarde sabía que la Policía le estaba buscando por la muerte de Nagore. Fue detenido a las doce de la noche». La madre recordó cómo las cinco acusaciones personadas, -fiscal, particular, ayuntamientos de Irun y Pamplona, Juntas Generales e Instituto para la Igualdad de Navarra- mantuvieron las imputaciones de asesinato, «pero el jurado no lo ha entendido». La madre anunció que la familia aguardará a conocer la redacción de la sentencia antes de interponer un recurso. «Seguimos esperando que se haga justicia. Por Nagore y por todas las mujeres». Asun Casasola participó anoche, junto a su marido y su hijo, en una concentración que se celebró en la Plaza de Castillo de Pamplona, a la que asistieron varios cientos de personas. Durante el acto se coreó: No es un arrebato, es asesinato. Casasola anunció que no promoverá más concentraciones porque «no tengo fuerzas para continuar. La familia necesita un respiro. Dejaremos que la Justicia continúe su curso. Los abogados seguirán, pero yo, de momento, no lo voy a hacer. Tengo un gran dolor en el corazón. Estoy muy decepcionada». Se espera que la sentencia del caso se conozca el próximo viernes. El fiscal pide 12,6 años de prisión, las restantes acusaciones, 15 y la defensa del inculpado, 7.
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