- • Todas las instituciones del patriarcado están siendo mantenidas y afianzadas por la izquierda
LIDIA Falcón*
Mi
deseo para este nuevo 8 de marzo sería que no se tomara el nombre del
feminismo en vano. Desde hace más de una década, los ideólogos de la
modernidad pretenden que las tendencias del pensamiento se vayan
unificando, perdiendo los perfiles que las identificaban como de
izquierdas y de derechas, y se acerquen hasta encontrarse en ese magma
sin identificación que es el centro. Esta actuación en el terreno de la
política ya es conocida por todos, pero apenas se ha informado de como
ha influido en el feminismo. Habiendo casi desaparecido el movimiento
feminista crítico con el poder, y ninguneadas las teorías feministas
revolucionarias que se difundieron largamente en los años setenta y
ochenta, convertidas en funcionarias muchas de las militantes que
dirigieron en su juventud opciones contestatarias, lo que se identifica
hoy mayoritariamente como feminismo es una suma de lugares comunes, más
propios de los consejos de un consultorio sentimental radiofónico.
A
ESTA CONFUSIÓN se ha sumado el oportunismo de la derecha, que, después
de haber perseguido sañudamente cualquier pequeño atisbo de protesta de
las mujeres, se sube ahora al carro del feminismo queriendo hacerse con
los rendimientos que espera obtener de ello. La derecha pretende
defender que sus políticas de inclusión de mujeres en las listas
electorales y en puestos de responsabilidad corresponde a su propósito
de igualar a la mujer y al hombre en todos los estamentos de la
sociedad. Mientras tanto, allí donde gobierna reduce las inversiones en
políticas sociales, elimina las medidas de protección de las mujeres,
persigue todas las opciones sexuales que no sean la heterosexual y el
matrimonio indisoluble y se muestra agresivamente contraria a la
libertad de aborto. Así, ha sido posible incluso que se calificara de
feminista a Sarah Palin, aquella señora --candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos con el senador John McCain, desaparecida tras la victoria de Barack Obama--,
que constituye la encarnación más genuina del ideal reaccionario, o que
las mujeres del PP aseguren que ellas son más feministas que nadie
porque han alcanzado escaños en los parlamentos. Pero estas
falsificaciones son posibles cuando desde la izquierda ya no se
defienden los principios transformadores de la sociedad que fueron la
bandera del feminismo desde el siglo XVIII. Abandonada la crítica de
las instituciones patriarcales como la familia y el matrimonio --uno de
los grandes triunfos ha sido alcanzar el matrimonio de los
homosexuales--, el feminismo dominante en los partidos de izquierda
está manteniendo lo privado frente a lo público, lo individual frente a
lo colectivo. Nuevamente, la derecha ha triunfado. Y no solo en lo
económico, sino que lo ha hecho también, y siempre va unido, en lo
ideológico. Los anhelos de los años setenta de construir una sociedad
solidaria y altruista --la tercera enseña de la Revolución Francesa: la
fraternidad, tan ignorada-- se han abandonado con desprecio para
defender el más viejo individualismo.
OLVIDADAS LAS demandas clásicas del amor libre --la enseña de Alejandra Kollöntai
que, en 1905, reclamaba la sustitución del matrimonio y de la familia
por "la unión libre de libres individuos"--, la socialización del
trabajo doméstico, la responsabilidad colectiva en la educación y
cuidado de los hijos incluso son anatemizadas por los que se proclaman
"modernos". Modernidad que lleva a afianzar las más viejas y caducas
instituciones: matrimonio --mayoritariamente religioso--, familia
nuclear, educación privada o religiosa a través de la omnipresente
cadena de centros religiosos de enseñanza concertada, responsabilidad
individual en el cuidado de los niños: todas las instituciones del
patriarcado están siendo mantenidas y afianzadas, con mucho respeto,
por la izquierda. Y ¡ay de aquellos que pretendan escaparse de la
férula del Estado patriarcal y capitalista! Serán castigados con los
enormes recursos de que este dispone: penalizaciones económicas,
marginaciones sociales y laborales... Al final, todos se someterán a
las normas dominantes: homosexuales que se casan; familias unidas
obligadas a procurarse subsistencia y vivienda por sus propios medios,
sin apenas ayudas; pocos niños, pero embarazados y paridos según los
obligados dictados de la naturaleza. El triunfo de la consigna más
grata a la derecha: sálvese el que pueda, con un Estado que se inhibe
de sus funciones protectoras, lo que, en definitiva, perjudica siempre
al más débil.
RESUMIENDO: la preeminencia de lo privado sobre lo
público. Incluso una de las reivindicaciones más emblemáticas del
feminismo, el pacifismo, se ha retorcido hasta el punto de que las
feministas acepten, algunas incluso entusiasmadas, la cada vez mayor
participación de mujeres en el Ejército, la Guardia Civil y la Legión.
Se aceptan las imitaciones, por parte de las mujeres, de las conductas
más agresivas masculinas --boxeo, lucha libre, agresividad, acoso
sexual--, considerando, según las normas del patriarcado, que el modelo
masculino es el universal y, por tanto, el que hay que imitar. En
definitiva, es imprescindible volver a establecer cuáles son los
principios del feminismo.
*Abogada
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