Público 1 Feb 2009
01:00, por Manolo Saco
Tags: Esteban Parro, maltratador, Paz Martín, Rajoy
La defensa propia tiene a menudo consecuencias indeseadas, lo que se ha dado en llamar daños colaterales. Por ejemplo, en algún lugar apacible de los Estados Unidos en estos momentos se pasean libremente algunos soldados asesinos que, en defensa propia, dispararon contra el fotógrafo José Couso en la toma de Irak. Se defendían de que el periodista pudiera grabar a los invasores.
Una concejala del Ayuntamiento de Móstoles acaba de sufrir en sus carnes una nueva versión de los daños colaterales inherentes a hacer fotografías en el campo de batalla.
Esta es la chispa que encendió el incidente. La concejala del PSOE, Paz Martín, tuvo la ocurrencia de intentar utilizar su teléfono móvil para hacerle una foto a la facha (¿he dicho facha?) del alcalde Esteban Parro, del PP. ¿Y cómo creen que reaccionó el edil ante tamaña agresión a su imagen pública? Pues dándole un manotazo y haciendo volar por los aires el arma peligrosa que le apuntaba. Demostró con ello tantos reflejos que cualquiera diría que viene entrenado de casa en el arte de maltratar.
Como consecuencia, Paz Martín necesitó atención médica por un hematoma en la muñeca, un daño colateral muy común en todos los casos de violencia machista.
Para no salirse del fenotipo, remató la faena con otra agresión verbal: “Padece algún tipo de disfunción que le provoca algún tipo de aversión a los hombres”. Cuando se el recriminó el gesto, se comportó como todos los acusados de violencia machista ante el juez: “No sería extraño que fuesen lesiones fingidas”.
Una nueva versión de esta otra, más conocida: en realidad, señor juez, el ojo morado es fruto de que tropezó con una esquina de la nevera.
Y como en la vida real, las otras concejalas del PP salieron en defensa del agresor. No sé si la sumisión al macho de la especie forma parte de los estatutos de la militancia femenina del PP, o si simplemente es que les va la marcha.
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