«En feminismo, si no evolucionas acabas sirviendo al patriarcado». Entrevista | Ana de Miguel Álvarez
02/11/2006 versión para imprimir

Esta cántabra, ahora en comisión de servicios en la Universidad Rey Juan Carlos, en Madrid, se siente muy vinculada a Galicia, donde ha trabajado más de una década

Firma: Natalia Bore | Lugar: la Voz  de Galicia| madrid)

¿Qué opina de la corriente de «Las otras feministas» y de sus planteamientos en violencia y prostitución?
....no es que no hayan pensado siempre lo mismo, pero en feminismo especialmente, si no evolucionas, acabas sirviendo al patriarcado

ana de miguel

Habla con la voz modulada por años de dedicación a la docencia universitaria. Pausada y didáctica, desgrana con pasión los argumentos que sustentan los temas que vertebran sus investigaciones y también su vida: feminismo, mujeres, género y filosofía. Ana de Miguel es cántabra, «nací en Santander», puntualiza, aunque su periplo vital la llevó a estudiar Filosofía en Salamanca para, de ahí, saltar a Madrid en busca de terreno académico más favorable para hacer una tesis doctoral que pretendía bucear en el feminismo. A principios de los años noventa se convirtió en profesora titular de Sociología del Género en la Universidad de A Coruña, donde durante doce años -hasta el curso pasado- contribuyó a consolidar una Facultad que daba sus primeros pasos. Ahora, en comisión de servicios, imparte docencia en la Universidad Rey Juan Carlos, y reparte su tiempo entre la investigación y la publicación incesante, de la que son buen ejemplo los tres volúmenes de Teoría feminista: de la Ilustración a la globalización, editados junto con Celia Amorós.

-Cuénteme quién es Ana de Miguel.

-Nací en Santander. Me fui a estudiar Filosofía a Salamanca y allí comencé a militar en la Asamblea de Mujeres. En 1984 hice la tesina sobre Marxismo y feminismo en Alexandra Kolontai porque durante los años de la Universidad yo había ido viendo que por un lado iba la filosofía, digamos, académica y por otro el feminismo que veía en la Asamblea. Por eso decidí hacer la tesina sobre marxismo y feminismo, para ver cómo eran de compañeros de viaje. Y me aclaré mucho.

-¿Cómo decidió venirse a Madrid?

-Me vine a la Universidad Autónoma porque en aquel momento en Salamanca eran muy carcas y era casi imposible encontrar a alguien que dirigiera mi tesis. De paso encontré trabajo en la Universidad, en la Politécnica. Di clase en Sociología durante ocho años.

-Pero luego acabó en Galicia...

-Sí. Me enteré de que abrían en A Coruña una nueva Facultad de Sociología. Me presenté a una plaza de titular y la saqué. Fue en 1993. Ahora estoy en Madrid, en la Universidad Rey Juan Carlos, en comisión de servicios, pero mi plaza está en A Coruña donde, por cierto, tenemos una de las mejores bibliotecas de España de feminismo y género.

-Dos de los temas centrales de sus investigaciones. ¿Qué opina de la corriente de «Las otras feministas» y de sus planteamientos en violencia y prostitución?

-Mantienen el discurso de los años sesenta, que los delincuentes son los únicos antisistema. Sostienen que en la cárcel no se resocializa nadie, porque es el peor producto del sistema capitalista. Por eso ha costado tanto pasar a redefinir a los culpables como culpables. Hay una lógica perversa en la que influyen muchos factores. Y estas mujeres, no es que no hayan pensado siempre lo mismo, pero en feminismo especialmente, si no evolucionas, acabas sirviendo al patriarcado.

Desde su tesis doctoral, sobre Élites y participación política en la teoría de la democracia de John Stuart Mill, Ana de Miguel no ha dejado de investigar sobre movimientos sociales, sus cambios y su incidencia sobre las mujeres. Actualmente está centrada en el análisis de los procesos teóricos de redefinición sin los que, sostiene, «es imposible percibir realidades sexistas como la violencia o la prostitución».

-¿Por qué eligió a Stuart Mill para su tesis?

-Porque comprendió fenomenal la gran tragedia de la vida de las mujeres. Él sostenía que sin que las mujeres accedieran al derecho al voto, a la discusión pública y política, no podría haber democracia. Afirma que a las mujeres se las educa para ser pasivas y sumisas, para no poder elegir, que es precisamente la cualidad de la persona humana, con lo a las mujeres no se les permite ser personas. Su pensamiento está hipervigente. Acabo de hacer una edición nueva de su obra, en Edaf, y me impresiona lo radical que es.

-¿Y ahora en qué se centra su trabajo?

-Ahora estoy estudiando la importancia de lo que pensamos para ver o no la realidad. Por ejemplo, cuando se produjo el intento de golpe de Estado, ni siquiera las feministas veíamos que no había mujeres en el Parlamento. Y no lo veíamos porque no teníamos una teoría que nos permitiera ver aquello como una exclusión. Con la violencia ocurre algo similar. La percibimos si tenemos instrumentos teóricos. Hace veinte años, no es que no la hubiera, sino que carecíamos de instrumentos para verla como un problema social y político. Se percibía como algo personal, de las víctimas. Lo mismo ocurre con las violaciones o la prostitución.

-No parece un cambio fácil, ni rápido...

-No lo es. Pero es lo que estoy estudiando, cómo se llega a redefinir la violencia, la prostitución, el feminismo. Es muy interesante.



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