Deepa Mehta, una mirada necesaria en el cine actual
09/03/2006 versión para imprimir

UNA ENTREVISTA DE ESTHER DE LA ROSA ( FUNDACIÓN MUJERES ) PARA LA RED FEMINISTA

8 de marzo de 2006- Madrid-

La directora india Deepa Mehta presentó en Madrid Agua, un crudo retrato de la situación de las viudas en India, desterradas a vivir en los márgenes de la sociedad al fallecer sus maridos, según dictan las interpretaciones fundamentalistas de los textos religiosos hindúes.

 “Lo que más me preocupa, no es sólo que el integrismo crezca en India, sino que lo haga en el mundo entero”, nos comenta la cineasta en un hotel madrileño durante su maratoniano paso por nuestro país para presentar la película. Y es que paradójicamente, como las propias protagonistas de su película, Mehta sufrió las consecuencias del extremismo religioso. A las 6 semanas de comenzar a rodar Agua en la ciudad de Varanasi, a orillas del Ganges, las protestas de algunos grupos la obligaron a suspenderlo por ir en contra de la religión hindú, sin que el gobierno local hiciese nada por impedirlo. Después de cuatro años, el rodaje comenzó de nuevo en Sri Lanka con otro reparto.

Ambientada en la India colonial de finales de los años 30, cuando los ingleses poco podían hacer para acallar la revolución social propugnada por Ghandi, Agua arranca con la boda de una niña de ocho años, Chuyia, con un moribundo que fallece esa misma noche. Después de incinerar al difunto, la niña deberá ingresar en un ashram, o casa de viudas, donde pasará el resto de su vida. Su destino, compartir con las demás mujeres una vida de miserias, exclusión social e incluso de prostitución, siendo obligadas a ofrecer sus servicios sexuales a los brahmanes, la casta social más elevada de India.

Nominada a nueve genios  –los Goya canadienses-, premiada como la mejor película en el Festival de Bangkok y elegida por Amnistía Internacional como película del año, Agua es una película totalmente  necesaria. No sólo por ser una de esas raras excepciones que trasladan a la pantalla los hipócritas cimientos que aún sustentan la discriminación de la mujer. También es necesaria por su tremenda actualidad. Como admite su directora,  hoy en día aún hay en India 34 millones de viudas, de las que 11 siguen viviendo en ashrams. “Hay un enorme trabajo por parte de las activistas y de las organizaciones no gubernamentales para que esto cambie, pero va a llevar tiempo”, nos comenta la directora.

 Como en Fuego y en Tierra, las otras dos películas que componen la trilogía que cierra Agua, Deepa Mehta utiliza los elementos para adentrarse en la situación de la mujer india, y ofrecernos relatos en las que contrasta el lirismo de las imágenes con la crudeza del contenido. Una mirada a la que no se le escapa que el fanatismo religioso no es una cuestión sólo de Oriente. “No se trata sólo del fundamentalismo hindú, también está el fundamentalismo cristiano, como en los Estados Unidos. Hay una película, Las hermanas de la Magdalena, que habla precisamente del fundamentalismo cristiano”, señala en referencia a la cinta de Peter Mullan, en la que se describe la pavorosa situación que, en el nombre de la fe católica, vivían las jóvenes recluidas en los conventos de la Magadalena en Irlanda hasta 1996.

Sobre las causas de exclusión  de las viudas, su directora no duda en señalar a la sociedad patriarcal de su país, y también a las razones económicas, ya que como explica, “si una viuda no va al ashram, el dinero del marido habrá que repartirlo. En cambio si se va, el dinero permanece en la casa de la familia del esposo”.

Y es que a pesar de que situación de las mujeres en India ha mejorado desde los años en los que se sitúa la película, los cambios más profundos se vislumbran lejanos. Nacer niña es todavía una desgracia, y por ello en los últimos 20 años se estima que se han hecho 10  millones de abortos selectivos en este país para evitar tener hijas. Abortos, cuando no se incurre en el infanticidio.

¿Puede el cine cambiar esta realidad injusta y desequilibrada?
“No creo que por sí mismo, el cine pueda cambiar algo. Pero sí creo que el cine puede establecer un diálogo. Tocar una fibra dentro de la gente que produce una emoción y anuncia un diálogo, y eso siempre es una ayuda”, reflexiona la cineasta.  Y así, con Agua Deepa Mehta nos invita, o casi incita, a dialogar sobre la situación que viven tanto estas viudas, como el resto de las mujeres que en todo el mundo, se enfrentan a las terribles caras de la desigualdad. Una película en la que su directora nos deja entrever un atisbo de esperanza, un descanso necesario para no desalentarnos y convencernos de que aún es posible transformar el mundo, por compleja que resulte esta tarea.



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