Hay
prácticas que nuestros propios antepasados, si
volviesen a la vida, encontrarían caducas y superadas.
Amadou
Hampaté Bâ/ sabio africano.
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| Nosotros/as
los abajo firmantes de este Llamamiento, hemos decidido
hablar y actuar, conscientes de que el silencio es
siempre el mejor aliado de una terrible práctica
que sigue cobrándose millones de víctimas. |
Se cuentan
hoy en el mundo casi 130 millones de mujeres que han sufrido
mutilaciones genitales. Cada año, dos millones de
niñas y muchachas siguen siendo víctimas de
una práctica que se mantiene, a pesar de las medidas
tomadas en varios de los países afectados para intentar
eliminarla. Si en África subsahariana sigue siendo
donde esta práctica está más arraigada
y se encuentre también en ciertas partes de la Península
Arábica como el Yemen y Omán y en regiones
de Extremo Oriente, no son actualmente éstas las
únicas zonas implicadas. A causa de la emigración
hacia los países industrializados, Europa, Estados
Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, se encuentran
de hecho también afectados.
Preocupados
por la persistencia y la extensión geográfica
de las mutilaciones genitales femeninas.
nosotros
los abajo firmantes de este Llamamiento, hemos decidido
hablar y actuar, conscientes de que el silencio es siempre
el mejor aliado de una terrible costumbre que sigue cobrándose
millones de víctimas.
Es cierto que desde hace dos decenios las lenguas se han
soltado y se mide mejor el alcance de sus daños.
Es cierto que numerosas personalidades del mundo político
y de la sociedad civil entre ellos, muchos de los
firmantes de este llamamiento- los han combatido y siguen
combatiéndolos arrojadamente.
Es cierto que muchos estados se han señalado como
objetivo hacer desaparecer las MGF y han tomado medidas,
legislativas y de otro tipo con este fin, dotándose,
por ejemplo en lo que concierne los países africanos
de una estructura común de coordinación.
Pero
la persistencia de esas mutilaciones, incluida su forma
más violenta, que es la infibulación, nos
muestra los límites de las acciones emprendidas hasta
hoy y la necesidad consecuente de implicarnos más
para contribuir a su desaparición.
Hay que recordar, en efecto, que si pudo, en el pasado,
labrarse un espacio en cosmogonías preocupadas en
codificar los roles tradicionales de los sexos para contribuir
al orden mítico del mundo, la práctica de
la ablación total o parcial de los órganos
sexuales femeninos externos no está prescrita por
ninguna religión.
Y están hoy en absoluta contradicción con
los principios universalmente aceptados de respeto a la
integridad física y moral de la persona y de igualdad
en dignidad y en derechos de ambos sexos y constituye una
violencia inaceptable contra las mujeres. Además
de los daños sicológicos que conlleva, provoca,
es cosa sabida, innumerables dramas sanitarios y contribuye
a la persistencia de una elevada mortalidad femenina en
los países donde su práctica está extendida.
Y sin embargo, la mayor parte de los países de Asia
y África afectados por esta costumbre han firmado
y ratificado las principales convenciones internacionales
que la condenan, en particular la Convención Internacional
sobre la eliminación de toda discriminación
respecto a las mujeres de 1979 y la Convención Internacional
sobre derechos de la infancia de 1990. En su mayoría,
se han adherido también a las resoluciones de las
Naciones Unidas que preconizan su eliminación, en
especial el programa de acción de la Conferencia
de El Cairo de 1994 sobre población y desarrollo
y el de la Conferencia de Pekín de 1995 sobre la
mujer.
- Conscientes de que los instrumentos jurídicos
internacionales para combatir las mutilaciones genitales,
ya existen,
- Convencidos que es necesario que los Estados afectados
hagan más para llevarlos a la práctica y para
convencer a las poblaciones donde esas prácticas
tienen arraigo de que no perderán nada de lo que
constituye su identidad renunciando a ellas,
- Convencidos que, por el contrario, ganarán
en dignidad tomando conciencia de que las tradiciones y
las culturas que rechazan todo cambio son las primeras en
estar amenazadas de extinción.
Nosotros,
mujeres y hombres firmantes de este llamamiento, naturales
de países donde las mutilaciones genitales se practican
tradicionalmente y de países donde han sido introducidas
recientemente, o, meramente, deseosos de luchar contra una
costumbre que atenta a los derechos y a la dignidad de millones
de mujeres en todo el mundo, adoptamos el compromiso de
usar de toda nuestra influencia y de hacer cuanto está
en nuestra mano para contribuir a su desaparición
Y por
ello invitamos solemnemente:
· a los jefes de Estado y a los gobiernos
de los países donde las mutilaciones femeninas existen
a
o garantizar el respeto de los derechos humanos de las mujeres
y de las niñas, y especialmente el derecho a no ser
sometidas a discriminación, el derecho a la salud,
a la integridad física y a la vida;
o legislar sobre las mutilaciones genitales femeninas en
los países que aun no tienen leyes sobre ello, para
que se considere como una violación de los derechos
fundamentales de la persona humana y se prevea una sanción
para los autores de dichas prácticas; o lanzar campañas
de información que busquen un cambio duradero de
los comportamientos de las poblaciones que las practican,
tocando a todas las clases sociales, y tomando en consideración
todos los aspectos de la práctica: derechos humanos,
relaciones sociales y de sexo, e implicando a las instituciones
nacionales y locales, las organizaciones no gubernamentales
y las que operan in situ, los diferentes jefes religiosos
y los medios de comunicación;
o incluir los programas de prevención de la práctica
en todas las políticas y los servicios para la sanidad
de la reproducción y garantizar el acceso universal
a estos servicios; o destinar recursos suficientes a estas
iniciativas.
· a los gobiernos y los parlamentos de los
países de acogida a
armonizar
el marco legislativo vigente en materia de mutilaciones
genitales femeninas y acompañar cada medida legislativa
con campañas de información para que la ley
sea entendida, aceptada, aplicada y respetada;
considerar con precaución la aplicación de
sanciones penales que conciernan las mutilaciones femeninas
para asegurara su eficacia
considerar la posibilidad de conceder permisos de residencia
y alguna forma e protección a las víctimas
de esta práctica y reconocer el derecho de asilo
a las mujeres, muchachas y niñas con riesgo de sufrir
mutilaciones genitales.
·
a las organizaciones internacionales y los gobiernos
de los países afectados así como a los
de los países donantes a:
apoyar
las campañas de información, los programas
educativos y los servicios sanitarios reproductivos orientados
a erradicar las mutilaciones sexuales femeninas;
apoyar las labores in situ de las organizaciones no gubernamentales,
asociaciones y agrupaciones de mujeres y de jóvenes,
así como sus redes;
contribuir a la realización de las reformas necesarias
para fomentar mejor la igualdad de los sexos.
·
a las organizaciones no gubernamentales locales, nacionales
e internacionales a
reforzar
la colaboración y la coordinación de sus intervenciones,
así como a compartir los resultados obtenidos a fin
de aumentar la eficacia de sus acciones y alcanzar cuanto
antes la desaparición completa de las mutilaciones
genitales femeninas;
con el fin de prevenir esta práctica entre la población
emigrante, intensificar la colaboración entre organizaciones
de los países de origen y de países de destino
de las mujeres que hayan sufrido mutilación sexual
femenina.
·
Por último, invitamos a las mujeres y hombres de
buena voluntad del mundo entero a hacer cuanto puedan para
contribuir a abolir la práctica de las mutilaciones
sexuales femeninas, siendo nuestro objetivo su desaparición
completa de aquí a quince años para que en
los países afectados nazca una nueva generación
de mujeres iguales a todos en derechos y en dignidad.
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